domingo, 22 de abril de 2007

LOS PERSONAJES DE PIZARNIK

Edificio de Montevideo 980, en una calle de Buenos Aires, departamento c del séptimo piso, noche del 25 de septiembre de 1972, muere Alejandra Pizarnik en este espacio, y a su lado una nota escrita en un pizarrón: "No quiero ir nada más que hasta el fondo." (¿Acaso su poesía no fue una búsqueda de este fondo?) Sin embargo, la pregunta no está del todo resuelta. ¿Cuál fue ese fondo que con palabras como miedo, infancia, silencio, muerte, locura, en su poesía nombraba? ¿Cómo fue que ese fondo la sostuvo en la palabra poética, con la cual evadía a la muerte y, sin embargo, no pudo apartar de su vida? La respuesta a esta pregunta, Alejandra se la llevó el día de su muerte.
Alejandra poseía una gran farmacia en su casa, consumía anfetaminas, primero para acabar con el complejo de gordura que tenía, después por el efecto de lucidez que le daban las pastillas, además de psicofármacos y barbitúricos. Hechos como éste quedan ligados a su muerte: ingestión de cincuenta pastillas de Seconal sódico.
Hablar de Alejandra es hablar desde el fin. Así, empezamos el relato sobre ella desde 1972 y sólo entonces después recordamos que Flora Alejandra Pizarnik nace el 29 de abril de 1936, en Avellaneda, Argentina. Fue conocida con varios nombres. Sus amigos podían llamarla Buma, Flora, Blímele, Alejandra, Sasha, de acuerdo al contexto en la vida de Pizarnik. En su primer libro, La tierra más ajena, firma Flora Alejandra Pizarnik; ya en su segundo libro, La última inocencia, omite su primer nombre, Flora. En las últimas escenas de su vida pide que la llamen Sasha. Sin embargo, su Nombre sólo lo pudo conocer ella.
Por esa causa –cambio de nombres o juego de nombres–, es posible suponer que Alejandra Pizarnik disfrutara de interpretar a los mismos personajes inventados por ella, pues muchos de ellos llegan a acercarse a su propia personalidad, como es el caso de la muñeca Lytwyn, personaje de la obra de teatro Los perturbados entre lilas, quien declara lo siguiente: "Soy un yo, y esto, que parece poco, es más que suficiente para una muñeca."
Por el simple hecho de ser muñeca, Lytwyn rebasa la realidad, es "dichosa como todo ente que no acabó de nacer", según las acotaciones de Pizarnik en la obra de teatro. Las muñecas son un símbolo en la escritura de Alejandra Pizarnik, son todo, pero a la vez es lo vacío, son personas sin serlo, son la contradicción tan buscada por Alejandra. ¿Cómo pueden, pues, estos personajitos tener vida y a la vez no, o tener una vida de "a mentiritas", una vida de juego? Por eso las muñecas de Alejandra son adorables y siniestras a la vez, quizá por eso las muñecas inquietaban y gustaban a Alejandra.
También hay otras figuras enigmáticas sobre las que escribió Alejandra Pizarnik, como la Condesa Sangrienta y la Bucanera de Pernambuco, la cual poseía un extraordinario humor delirante. La Condesa Sangrienta reúne en sus peculiares aficiones la poética de Alejandra Pizarnik: la belleza y la muerte; es la sangre y su color luminoso, son los gritos y el silencio de las víctimas; es el lujo de estar viva y rodearse de dolor y muerte. Alejandra describe así el escenario que rodea a la Condesa Erzébet:
Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos… Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto.
Es posible imaginarse que Alejandra añorara este espectáculo, y deseara pasearse algunos días en el castillo de Erzébet.
Otro personaje lúdico y ácido es la Bucanera de Pernambuco, quien retoma del lenguaje lo líquido y disperso. La Bucanera es capaz de inventar diálogos como el siguiente:

Para desatigrar a su tigresa;
Para piramedar sus medos, y que se desdieden sus miedos;
Para desapenar a la enana entre pinos –suspira Piria, supina Pina, faló la falúa en la falleba;
–justito, Justine: en el jusodicho, pelumoja-dorrito, reflantario, aleteante, ying-yang, ping-pong, meto-saco, sacmet, tsac,
–el tsac penetró por la falleba justito ¿mojadita? ¡plum-metsac! ¡más-metsac! Y tsac y
–por ahí, sí, just, píf, páf;
–supong quel tsac tlamet laloc; más jus pong pen por yá jus, ¡yajúslaloc!, ¡alborozay!

En este diálogo estalla el lenguaje de la locura, el re-hacer el mundo a partir de la desestructuración, el delirio verbal en que la mirada subjetiva lo domina todo, y el lenguaje ya no representa una sola interpretación lógica. Sin embargo, esta locura es el otro lado del lenguaje; no es la locura sin sentido, que se pierde en sí misma, es el lenguaje que la razón no puede limitar. La Bucanera comparte con Alejandra la búsqueda de una voz poética que incluye el silencio y la desestructuración del lenguaje.

Tal vez, estos personajes puedan representar cada uno alguna de las etapas en la vida de Alejandra Pizarnik. La figura de la muñeca está presente desde los primeros poemas de adolescencia de Alejandra; el aroma de sexualidad y las tardes melancólicas de la Condesa Sangrienta son una segunda etapa, tal vez algunos días de la estancia de Alejandra en París y, por último, el arrastre del lenguaje con un sorbo de desilusión de la Bucanera de Pernambuco pueden ser las últimas veladas que pasó Alejandra en su departamento de Buenos Aires.

Elizabeth Delgado

Este articulo apareció publicado en La Jornada Semanal, 11 de febrero de 2007, nº 623

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Decidí crear este blog porque estoy convencida que el conocimiento si no se comparte es inútil. He dedicado más de 15 años al estudio de su vida y obra. Realicé mi tesis doctoral sobre el discurso autobiográfico en AP, la cual resultó un libro de 700 páginas (se puede consultar en la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid). Ahora bien, solo os pido una cosa. Por respeto a mi dedicación y estudio, si tomáis fotos, artículos u otro material, citad la fuente. Muchas gracias.

MADRID 2008

Datos personales

Poeta y doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad Complutense de Madrid. Estudió los archivos de Alejandra Pizarnik depositados en la Universidad de Princeton.